jueves, 10 de mayo de 2012

Madres Malas


El texto que sigue fue entregado por Sr. Roberto Candelori profesor de Ética y Ciudadanía de la Escuela Objetivo Americana, a todos los alumnos de su clase, para que se lo entregasen a sus padres.

Fue publicado en los diarios de Brasil, tras la muerte de dos adolescentes de 16 años, en la localidad de Maracaípe, Porto de Galinhas.

Después de 13 días de desaparecidas, las madres de las chicas revelaron desconocer a los propietarios de la casa donde sus hijas habían ido a pasar el fin de semana. La tragedia atrapó a la opinión pública y el crimen permanece sin respuesta.

MADRES MALAS.

-Los amé lo suficiente para no haber quedado callada y hacerles saber,  aunque no les gustara, que aquel nuevo amigo no era buena compañía.

-Los amé lo suficiente para hacerles pagar los dulces que agarraron del supermercado o las revistas del puesto de periódicos, y hacerles decir al dueño: “Nosotros tomamos esto ayer y queremos pagar”.

-Los amé lo suficiente como para haber permanecido en pie,  junto a ustedes, dos horas, mientras limpiaban su cuarto, tarea que habría hecho yo en 15 minutos.

-Los amé lo suficiente para dejarles ver además del amor que sentía por ustedes, la decepción y también las lágrimas en mis ojos.

-Los amé lo suficiente para dejarlos asumir la responsabilidad de sus acciones, aún cuando las penalidades eran tan duras que me partían el corazón.

-Y ante todo, los amé lo suficiente para decirles  NO,  cuando sabía que ustedes podrían odiarme por eso (y en algunos momentos sé que me odiaron).

Esas eran las batallas más difíciles de todas. Estoy contenta, vencí... ¡Porque al final ustedes ganaron también! Y cualquiera de estos días, cuando mis nietos hayan crecido lo suficiente para entender la lógica que motiva a los padres y madres; cuando ellos les pregunten si su madre era mala, mis hijos les dirán:

“Si, nuestra madre era mala.  Era la madre más mala del mundo... Los otros chicos comían dulces en el desayuno y nosotros teníamos que comer cereal, huevito y pan tostado. Los otros chicos bebían refrescos y comían papas fritas y helados en el almuerzo y nosotros teníamos que comer arroz,  carne, verduras y frutas. Mamá tenía que saber quiénes eran nuestros amigos y qué hacíamos nosotros con ellos.

Insistía en que le dijéramos con quién íbamos a salir, aunque demoráramos apenas una hora o menos. Ella nos insistía para que le dijéramos siempre la verdad y nada más que la verdad. Y cuando éramos adolescentes, no se cómo,  conseguía hasta leernos el pensamiento.

¡Nuestra vida sí que era pesada!

Ella no permitía que nuestros amigos nos tocaran el claxon para que saliéramos; tenían que bajar, tocar la puerta y entrar para que ella los viera.

Cuando todos podían volver tarde a casa de noche a los 12 años, tuvimos que esperar como hasta los 18 para hacerlo, y aquella Madre exigente se levantaba para saber si la fiesta había estado buena (en realidad lo hacía sólo para ver en qué estado volvíamos).

Por culpa de nuestra madre, nos perdimos inmensas experiencias en la adolescencia. Ninguno de nosotros estuvo envuelto en problema de drogas, robos, actos de vandalismo, violación de propiedad, ni fuimos presos por ningún crimen.

¡TODO FUE CULPA DE ELLA!

Y ahora que somos adultos honestos y con principios, estamos haciendo lo mejor para ser  “PADRES MALOS”, como fue mi madre. YO CREO QUE  ESTE  ES  UNO  DE LOS MALES  DEL MUNDO DE HOY: ¡NO  HAY SUFICIENTES MADRES MALAS!

Recopilación de la Web.

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